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«No. 58, Manuel Barrueco, Robert Ruck, & a Guitar» (Nicholas Simmons)

Tonar Music ha lanzado un libro de mesa de café titulado “No. 58, Manuel Barrueco, Robert Ruck, & a Guitar” sobre la historia de la legendaria guitarra de Barrueco N.º 58 construida por Robert Ruck, la cual se ha convertido en una de las guitarras clásicas más famosas del mundo.
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robert ruck manuel barrueco

El libro también habla acerca de los años de Barrueco en Cuba, su llegada a Estados Unidos con su familia como refugiados políticos, sus estudios, su encuentro con Ruck y la adquisición de la guitarra siendo estudiante en Peabody, y su trayectoria junto a ella en grabaciones como la del anuncio para Lexus, el álbum con Plácido Domingo y muchas otras. Asimismo explica cómo Robert Ruck llegó a construir su N.º 58 y sus perspectivas en la época en la que conoció a Barrueco, en 1972.

El autor, Nicholas Simmons, fue quien tomó las bellas fotografías del instrumento incluidas en el libro (16 en total), así como las de Manuel Barrueco y Robert Truck.

robert ruck manuel barrueco

Durante esa clase magistral [una que Barrueco dio en la Universidad de Tulane en 1978], muchos de nosotros pasábamos el rato en la tienda de Barreiro, que tenía la mayor colección de discos de guitarra clásica que yo había visto jamás. Había uno, en particular, del que todo el mundo hablaba: el álbum debut de Manuel Barrueco. Al principio me sentí un poco desconcertado, porque todos decían que aquel joven virtuoso había superado a mis héroes de la guitarra clásica (afirmación bastante dolorosa). Al mismo tiempo, escuché que el propio Barreiro le influyó durante su infancia en Cuba, pero él se apresuró a aclarar que de no haber sido así, tampoco habría habido ninguna diferencia. Así que compré el disco, desde luego, pero aquellos comentarios eran tan contundentes —casi siniestros— que esperé a volver a casa, en Iowa, para escucharlo bien. Y ese momento nunca lo olvidaré.

En cuanto bajó la aguja del tocadiscos y saltaron las notas iniciales del Estudio 7 de Villa-Lobos, me di cuenta de que aquello era algo que nunca había escuchado. Había una potencia, una claridad, un nivel de precisión y una calidad de sonido que simplemente me maravilló. Antes terminar esa parte del disco, yo ya era un creyente.

Después de aquello, me apunté a clases magistrales con Manuel Barrueco en Nueva York y Nueva Orleans, siendo testigo de su genio de primera mano. Cuando salió el segundo disco, me impresionó aún más. Sus interpretaciones de la música —incluyendo piezas que ningún guitarrista había intentado jamás— parecían fundirse tan fácilmente con su asombrosa técnica, que empecé a concluir que todos los demás eran meros guitarristas, mientras que este hombre era un «músico», anteponiendo la música a cualquier otra circunstancia.

Buena parte del asunto era el propio sonido de la guitarra. No tenía las inconsistencias que se apreciaban en los instrumentos de otros intérpretes, y deduje que esto podía deberse a su construcción, a la habilidad de Barrueco para explotar sus puntos fuertes y a su inusual enfoque. Desde los graves más bajos hasta los agudos más altos, desde el «pianissimo» hasta el «fortissimo», la guitarra cantaba con el tono más dulce y aterciopelado que uno pueda imaginar.

De vez en cuando, me ponía a escuchar los discos desde otra parte de la casa, de manera que el timbre de la guitarra se oscurecía hasta tal punto que era fácil confundirla con un piano. Esto puede atribuirse en parte al instrumento; sin embargo, también creo que Barrueco retiene cada nota un poco más que otros intérpretes, y llega a la siguiente un poco más rápido, y creando así un efecto más sostenido y legato.

Aunque he seguido de cerca la carrera de Manuel Barrueco durante décadas, maravillándome con sus logros, sabía muy poco acerca del enigmático hombre que construyó aquella famosa guitarra, Robert Ruck. Hace unos años, mientras trabajaba con Manuel en otro proyecto, le comenté que estaría bien documentar la historia que hay detrás de la N.º 58. A él le pareció bien, y a Robert también. Así que viajé a Eugene, Oregón, para pasar un par de días con Robert en su taller, entrevistándole durante horas y tomando muchas fotografías. Y lo mismo hice con Manuel, sacando por supuesto muchas fotografías del propio instrumento.

Espero que el resultado sea de interés para los entusiastas de la guitarra, especialmente para aquellos cuyas vidas hayan sido marcadas e impactadas por la combinación de Barrueco y Ruck (a mi juicio, dos gigantescos artistas que son los mejores en lo que hacen).

—Nicholas Simmons

Visite Tonar Music para más información.

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Manuel Barrueco y Robert Ruck.

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